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ISLANDIA

INVIERNO BOREAL Y AURORAS

POR MARTA BRETÓ

 

 

Llevábamos unas cuantas horas de vuelo cuando al fin divisamos una llanura blanca entre las nubes. En su orografía despuntaban formaciones montañosas y serpenteaban ríos azul oscuro.

En el momento de aterrizar, no éramos aún del todo conscientes de la aventura que aquél inhóspito lugar nos reservaba. Sin embargo, se respiraba emoción en el ambiente, y aquella primera puesta de sol que bañaba el paisaje nada más llegar auguraba días llenos de lugares maravillosos, de curiosa fauna y situaciones inesperadas…

 

 

La primera noche nos pilló casi por sorpresa nuestra primera aurora. Impresionante fue el espectáculo de luz que nos envolvió frente a los faros de Gardur (península de Keflavík). La dama verde danzó frente nuestros objetivos antes de que la primera tormenta de nieve cayera sobre nosotros. El cambiante tiempo de Islandia nos golpeó en la cara y nos dejó durante varias noches con el recuerdo de aquella primera aurora, pues el tiempo no tardó a empeorar.

Para captar las luces del norte y para fotografía nocturna en general será necesario contar con un buen trípode y un cable disparador o intervalómetro, así como un objetivo bien luminoso. Entre 1.2 y 2.8 de apertura máxima sería lo ideal, por lo que el objetivo perfecto sería el Nikkor 50 mm 1:1.2 y no digamos el nuevo que sacarán de una luminosidad cercana a 1:1; pero sin llegar a esos extremos, el excelente 80-200 de luminosidad fija a 2.8 también es muy adecuado por su calidad óptica y por la comodidad del zoom.

 

 

Ahora bien, si queremos un gran ángulo de visión, tenemos que tener en cuenta que, cuanto más angular sea el objetivo, mayor porción de paisaje y de cielo podremos captar. Una buena propuesta sería el AF-S DX NIKKOR 16-80mm f/2.8-4E ED VR ya que mantiene una buena luminosidad en todo su rango de focales y a su vez nos permite desde un angular potente para estas imágenes más nocturnas hasta un poco de zoom para ocasiones en las que interese tomar una porción más pequeña del paisaje.

Para el resto del viaje lo que más vamos a usar van a ser los objetivos angulares para el paisaje general (nos sirve perfectamente el mismo objetivo que comentábamos arriba) y un buen teleobjetivo para trabajar el paisaje a nivel de detalle o incluso para la fauna. Una buena opción es el AF-S NIKKOR 80-400mm f/4.5-5.6 G ED VR, que da una estabilización realmente impresionante ideal para cuando usamos técnicas stalking al aproximarnos a la fauna.

 

 

Volviendo a nuestra aventura islandesa, los pronósticos meteorológicos no lo podían decir más claro: “storm, after storm, after storm!” (Tormenta tras tormenta, tras tormenta). Durante los 10 días que duró el viaje tuvimos un par de alertas amarillas y dos más de alerta naranja: esto es tormenta con vientos huracanados, lluvia y nieve. La travesía se tornaba movidita y requería de nuestra máxima precaución, pero a la vez, este clima invernal extremo nos proporcionó unas luces y atmósferas de lo más variadas. Sin embargo, lo mejor fue que pese al mal tiempo, fuimos capaces de visitar incluso más lugares de los que teníamos previstos y aprendimos a vivir la tierra de un modo más visceral.

 

 

Y es que en cuanto a fotografía de naturaleza se refiere, no hay mejor refrán que “al mal tiempo buena cara”. Fotografiar bajo un cálido día de cielo azul impecable es agradable, pero los resultados fotográficos difícilmente nos emocionarán. En este aspecto, Islandia es un lugar que nunca defrauda por su variedad meteorológica, no en vano en Islandia existe el refrán “si no te gusta el tiempo que hace, espérate 5 minutos”.

Esta variedad meteorológica es lo que hace tan especial este lugar, que cambia constantemente de aspecto según el paso de las luces, la nieve y la lluvia. Un espectáculo para el amante de la fotografía de paisaje.

 

 

Los primeros días, las nevadas nos regalaron paisajes monocromos, únicamente alterados por los diferentes tonos variados de los caballos islandeses y de luces rojizas del cielo amenazador, seguidas de unos días en los que la lluvia derritió un poco el paisaje y pudimos ver los colores reales del lugar.

También pudimos gozar de la fauna salvaje. Aunque es cierto que en verano se puede gozar de la presencia de numerosas especies de aves, en invierno unas pocas, como por ejemplo el fulmar boreal o algunas especies de gaviotas y ánsares permanecen. También gozamos de las idas y venidas de las focas en las aguas más calmadas e incluso tuvimos la suerte de observar una manada de renos buscando alimento en los líquenes de las rocas.

 

 

Nuestro recorrido nos llevó a conocer el sur de la isla de fuego y hielo, pasando por fumarolas, cascadas y acantilados, cañones, playas y glaciares. Nos deleitamos con los trölls de piedra y otras formaciones de roca basáltica y caminamos por lagos y playas repletos de icebergs.

Incluso, iniciamos nuestro propio viaje al centro de la Tierra, adentrándonos, tras una excursión por el glaciar más grande de Islandia (Vatnajökull), a las curiosas cuevas de hielo que forma el agua del glaciar al derretirse y abrirse camino ladera abajo. También fuimos testigos del uso de la energía geotermal en la vida diaria, como por ejemplo obtener agua caliente en las casas o incluso hornear pan con la energía que emana del suelo.

 

 

No hay duda que Islandia es una tierra llena de magia, vida, condiciones extremas y en constante crecimiento. No es de extrañar que se diga que es habitada por elfos y trölls, y que  sigan contándose leyendas de espíritus y brujería, pues da la sensación de que en cualquier momento un ser místico y protector de los bellos parajes pueda aparecer detrás de una roca, mientras somos observados por los omnipresentes Hrafn (cuervos), una enorme y oscura ave que guarda un estrecho lazo con los islandeses, al ser una de las pocas aves que permanecen en invierno y al ser considerados como la ayuda que Flóki (el primer poblador de la isla) obtuvo para el descubrimiento de Islandia, pasando este a ser conocido por el nombre de Hrafna-Flóki (cuervo-Floki).

 

 

Como puedes ver con estas imágenes, Islandia en invierno te ofrece posibilidades fotográficas con cualquier óptica que tengas. Desde los Nikkor más angulares (entre 12 y 20 mm) hasta los telezooms (como el 80-200 o el 80-400) para la fauna, pasando por los objetivos de visión normal (alrededor de los 50 mm) que simula el ojo humano y por los gran-angulares medios (entre 24 y 35 mm).

 

 

Si esta expedición te ha parecido interesante y si te gustaría vivir una experiencia similar, puedes viajar con Marta Bretó (autora del articulo y sus imágenes) y AUSTRALphoto. La próxima edición de este viaje será del 8 al 17 de febrero de 2019 y puedes encontrar toda la información al respeto aquí: enlace 

Para apuntarte o aclarar cualquier duda, puedes escribir a viajes@australphoto.com o llamar al 636 216 898.

 

 

Fecha límite para inscribirse: 20 de diciembre

 

 

* Las imágenes de este artículo forman parte de la última edición de este viaje.

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